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La Cultura Lambayeque

Esta cultura, que constituye la etapa culminante en el desarrollo prehispánico de la región, fue identificada por los estudios de Larco Hoyle y Jorge Zevallos, quienes establecen algunos rasgos típicos en cerámica, arquitectura, orfebrería e incluso al nivel de los antiguos dialectos hablados en la costa norte (Zevallos, 1989), que habían sido  previamente intuidos por otros investigadores pioneros.

El ícono característico de casi todas las expresiones artísticas Lambayeque, es sin duda la representación de un personaje con los ojos “alados”, que aparece en la cerámica, en las conocidas máscaras funerarias metálica. Es notorio que los patrones artísticos de esta cultura, resultan más esquemáticos, estilizados y reiterativos, sugiriéndonos la imposición de nuevos cánones religiosos que giran en torno a una imagen principal, un dilema en discusión: acaso un nuevo Dios o la representación del mítico Naylamp o Ñaymlap, supuesto fundador de la dinastía de los gobernantes lambayecanos (Cabello de Balboa, 1586).

La extraordinaria cantidad de estas manifestaciones en museos y colecciones, testimonia el auge socio-económico de este pueblo, cuyo evidente sustento fue el explosivo desarrollo de una agricultura a mayor escala que la alcanzada por sus antecesores, consolidando los sistemas inter-valles que permitieron abastecer de agua a las áreas desérticas marginales teniendo como eje al valle central de Chancay-Lambayeque, que posee la mayor descarga hídrica. Reto y respuesta a un crecimiento poblacional que cubrió todos los valles de la región como lo testimonian los complejos centros ceremoniales y extensas áreas de ocupación.

El patrón arquitectónico representativo consiste en pirámides truncas, formadas por plataformas superpuestas conectadas mediante rampas centrales, laterales o circundantes; elementos presentes en los conocidos monumentos de Batangrande, Chotuna, Apurlec, Túcume, Mocce, Collud, el antiguo Cinto o Pátapo, Úcupe, Huaca Teodora, Huaca Miguelito, Sinán, entre otros.

Las investigaciones sistemáticas del Proyecto Arqueológico Sicán, desarrolladas durante  los últimos 28 años en el Complejo de Batangrande (foto 14), bajo la dirección de Izumi Shimada y Carlos Elera,  han brindado notables avances para conocer el nivel  de desarrollo cultural y tecnológico de esta cultura, que denominan  Sicán, en merito al nombre original del área especifica donde realizan sus investigaciones. En este santuario, conformado por 20 estructuras piramidales y cementerios que fueran intensamente saqueados entre las décadas de los treinta al sesenta, se ha logrado recuperar científicamente, por primera vez tumbas de la élite Lambayeque (Shimada, 1995), importantes datos sobre la arquitectura, ceremonial y talleres de fundición de cobre a gran escala.

Chotuna-Chornancap, comprende dos grandes estructuras piramidales, otras menores, recintos y plazas (foto 16), que son hoy investigadas por Carlos Wester, director del Museo Bruning. En este monumento vinculado a la fundación dinástica del mítico Naylamp, recientemente se han descubierto relieves y complejos recintos de carácter ceremonial y administrativo, que respaldan su importancia como uno de los grandes santuarios de la época.

En el año 1983, en Úcupe (valle de Saña), se logro explorar y documentar una pequeña estructura anexa a un edificio piramidal, registrándose un mural policromo del estilo clásico Lambayeque, con la representación de 9 personajes ricamente ataviados (foto 15), que podrían asociarse a versiones de una misma divinidad o al cortejo real del legendario Naylamp (Alva-Meneses, 1986).

Túcume, conformado por 26 pirámides truncas, recintos y áreas habitacionales que cubren un área aproximada de 400 hectáreas, conformaría uno de los complejos arqueológicos más extensos de América precolombina (foto 17), y habría sido la nueva sede del poder político y religioso que en Lambayeque sucedió al decaimiento de Sicán, siguiendo una tradición de cambios cíclicos en los centros de poder, presente en todas las culturas de la región.

Entre los valles de La Leche y Motupe se encuentran los testimonios de uno de los más extensos complejos de irrigación (foto 18), probablemente iniciados por los Lambayeque, Apurlec cubre un área aproximada de 500 km2, donde puede reconocerse una extensa y compleja red de canales construidos con las más sofisticadas técnicas en trazos y pendientes, asociados también a varias estructuras piramidales dispersas y áreas residenciales.

 

EL IMPERIO CHIMÚ

Hacia las primeras décadas del siglo XIV, la región de Lambayeque, probablemente dividida por las sucesiones dinásticas, fue anexada por el gobernante sureño Michansaman al Reino Chimú, imponiéndose un nuevo orden político y patrones artísticos. Los Chimú incrementaron el área agrícola, reconociéndose su presencia en el crecimiento y remodelaciones arquitectónicas de casi todos los grandes complejos ceremoniales, centros urbanos y ciudadelas fortificadas en las colinas del valle.

Podemos mencionar como importantes conjuntos de la época a Patapo y la puntilla en la margen derecha del valle, Collique, Saltur. Precisamente el cerro Ventarrón en la margen izquierda; presenta una impresionante arquitectura fortificada de piedra canteada, adaptada a la formación rocosa en la cima sur del cerro, característica de la época de los reinos combatientes. Otras fortalezas acantonadas en las colinas controlan largas redes viales; cerro Jotoro en el valle de la Leche, recientemente investigado, aporta datos sobre la ocupación Chimú y su desplazamiento hacia el norte.

 

El Imperio  Inca

La conquista Inca de la región Lambayeque entonces bajo dominio Chimú, se calcula alrededor de los años de 1450 a 1470, atribuida al emperador Tupac Inca Yupanqui, esta corta incorporación a uno de lo grandes imperios de la humanidad, solo duro hasta el año 1532, cuando los primeros españoles llegan a estas tierras. El antiguo Cinto o Pátapo, fue uno de los más importantes concentraciones urbanas encontrados por los conquistadores en el Norte del Perú (foto 21), con una población que debió llegar a algunos miles de habitantes, los mismos que dieron lugar posteriormente a la actual ciudad de Chiclayo. Los restos de construcciones hasta hoy visibles, cubren cerca de 5km en las faldas del cerro Pátapo. Este gran complejo, constituido por estructuras platafórmicas, aterrazamientos, recintos y  áreas de vivienda, tiene una larga historia con ocupaciones previas Lambayeque y Chimú. Entre los componentes Incas más notorios se encuentra el llamado Tambo Posope y el parte de el gran camino imperial, así como Tambo Real hacia el valle del río La Leche. La ocupación Inca se caracteriza también por un estilo de cerámica llamada Chimú-Inca, presente en gran parte de la costa norte.

En muchos de los grandes complejos arqueológicos de Lambayeque se encuentran testimonios de esta corta reocupación como el caso de Túcume, donde se han recuperado singulares ofrendas, típicas de los sacrificios Incas. En el cerro Ventarrón existen estructuras en la falda sur  y en la kisma llanra cerca al cauce del rio, la arquitectra se diferencia por la tecnica de tapial de la paredones. En la otra margen del rio existen edificios semejantes con paredes de tapial; 7  techos es un adoratorio que contiene una roca sacralizada

A través de este breve recuento podemos confirmar que la región de Lambayeque, como una de las más importantes unidades culturales del Antiguo Perú; los  resultados de proyectos continuados y sistemáticos brindan una nueva imagen de su complejo proceso histórico prehispánico, al punto que hoy puede considerarse también entre las regiones con mayor porcentaje de investigaciones e instituciones museográficas.